
Todavía siento que es una joda que la gente hable: “- Oie tía, ¿Qué osh apetece, un zumo de piña?-”; que a través de la ventana de mi pieza, que da al pulmón del edificio escuche a los vecinos conversar de ese modo en su cotidianeidad. Es vivir inmersa en un programa de la serie "Verano Azul" con Chanquete el marinero, Pancho, Piraña, Quique...
Me sorprende que en las esquinas, mas precisamente en los "pasos de zebra", los conductores paren cuando divisan un peatón; para mí siempre fue una odisea cruzar Cabildo y Jose Hernández con el cochecito y el nene, porque aun cuando me correspondía avanzar, los bondis se me tiraban encima como si no les importara enmantecar el asfalto con mi cerebro e intestinos.
Aca el subte, los colectivos, todo con aire acondicionado. Aunque a veces no funciona, ya sea por fallos técnicos o porque la muchedumbre sobrepasa su capacidad refrigerante.
Las calles son con pendiente, entonces me la paso escalando, ¡¡me duelen los cuadriceps de andar por el barrio, nomás...!!.

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